Medallas escolares como premio
Las medallas escolares jugaron un papel crucial en la disciplina y la moral educativa, ya que actuaban como herramientas tangibles para reforzar el esfuerzo, la dedicación y los valores positivos dentro del entorno escolar.
A lo largo de la historia de la educación, los sistemas de premios y castigos han sido fundamentales para regular la conducta y motivar el aprendizaje escolar. Son la cara y cruz de un mismo sistema que los usaba para corregir faltas, reforzar comportamientos positivos, fomentar la emulación entre el alumnado y mantener la disciplina.
Los castigos físicos fueron frecuentes durante siglos, pero desde finales del siglo XIX comenzó a cuestionarse su eficacia y moralidad y se promovió el uso de incentivos positivos y la sustitución de los castigos por otros sistemas de disciplina y autorregulación.
Los premios fueron apareciendo paulatinamente en diversas formas, diplomas, cuadros de honor, avances de puestos y pequeños objetos que se daban a los mejores alumnos. Entre esos objetos hay noticias de estampitas, cromos y las medallas que hemos elegido como pieza de este mes en el MAE. Una medalla escolar típica de los años veinte medía de 2,5 a 4 cm, lo que permitía lucirla fácilmente en uniformes o durante ceremonias. Las medallas eran ligeras, pensadas para ser llevadas colgadas del cuello o prendidas en la ropa con una cinta o imperdible durante las ceremonias. Su tamaño era pequeño (a diferencia de las medallas de eventos deportivos) por comodidad y economía.
Las medallas escolares como premios por mérito académico o por conducta se popularizaron a comienzos del siglo XX, sobre todo en colegios privados y religiosos. Las que podemos ver en el MAE tienen unida una cinta con la bandera española, la tradicional, la de la II República y alguna que puede representar un colegio concreto. Estas medallas no tenían un diseño estandarizado; había variantes dependiendo del colegio, aunque solían imitar insignias militares y estaban adornadas con símbolos religiosos o inscripciones de la materia premiada. Su entrega se asociaba a celebraciones del colegio lo que reforzaba la memoria colectiva y el sentido de pertenencia a la institución.
En resumen, las medallas escolares se convirtieron en símbolos que incentivaron la disciplina y ayudaron a construir una moral educativa basada en el esfuerzo, el reconocimiento y la valoración de los logros y la buena conducta. La posibilidad de recibir una medalla era un incentivo para que los estudiantes cumplieran con las normas, completaran sus tareas y mantuvieran un comportamiento ejemplar ayudando a que se internalizaran hábitos como el orden, el esfuerzo, o la perseverancia. Además, recibir una medalla generaba reconocimiento social y fortalecía la creación de un ambiente donde se valoraban esos hábitos.
Estas medallas escolares eran escasas, muy competitivas, y su sentido pedagógico no tiene nada que ver con las que se conceden actualmente donde prima el reconocimiento a la participación más que el nivel de competencia con que se realiza una tarea concreta.
Carmen Sanchidrián Blanco
- DIMENSIONES: Variables, entre 2,5 y 4 cm.
- MATERIAL / SOPORTE: Latón con una cinta.
- CONTEXTO CULTURAL: 1910-1960 aprox.
- AUTORÍA: Desconocida.


