El pasado 29 de octubre recibimos en el MAE a un grupo de personas ciegas de la ONCE de Málaga, con sus perros guía y varios acompañantes. Era la primera vez que este colectivo visitaba nuestras salas, y para todo el equipo fue una jornada muy especial.
¿Cómo se cuenta la historia de la escuela a quien no puede verla? Esa pregunta nos acompañó durante los días en que preparamos la visita. La respuesta, al final, estaba en las manos: en un museo que normalmente se recorre con la mirada, esta vez los objetos se iban a tocar, a sostener y a escuchar. Pocas veces hemos abierto nuestras puertas con tanta ilusión.
Un museo para tocar
En cada sala preparamos mesas con objetos significativos de la historia de la educación y de la ciencia, pensados para explorarse con el tacto: un ábaco, una cartera de cuero, plumieres, una regla de cálculo, sellos de madera, un mapa de España en relieve o una caja de cuerpos geométricos con sus cubos, prismas, pirámides y esferas. Nuestro director, José Antonio Mañas, guio el recorrido sin prisas y se detuvo en cada espacio más de lo habitual para contar qué contiene, de dónde procede cada pieza, cómo se usaba y qué nos dice sobre la forma de enseñar y aprender en su época.
Ciencia que se oye y se siente
La sala de Ciencias fue una fiesta para los sentidos. Además de los objetos de la mesa (diapasones, un barómetro, una pequeña máquina de vapor o una maqueta de estructura molecular), realizamos, como hacemos con otros grupos que nos visitan, experiencias de Física y Química sobre acústica, electricidad, magnetismo, el vacío o los cohetes. Todas las personas participaron activamente, porque la ciencia, cuando se oye y se siente, también se entiende.
Un reto que nos hace mejores
Al ser la primera visita de este colectivo, la jornada fue también un reto para nosotros. Nos obligó a mirar nuestras colecciones con otros ojos y a preguntarnos cómo mostrarlas cuando la vista no es el camino principal. Aprendimos mucho, y esperamos que la experiencia fuera tan educativa y divertida para quienes nos acompañaron como lo fue para nosotros.
Y una mención muy especial para los perros guía, que se portaron de forma ejemplar durante todo el recorrido, siempre atentos a sus compañeros y compañeras. Fueron, sin duda, unos visitantes más.
Gracias a la ONCE de Málaga
Queremos dar las gracias de corazón a Miguel Ángel Rubio, que organizó la visita a través de la ONCE, y a todas las personas que la hicieron posible. Ha sido un placer enorme recibiros y esperamos volver a veros pronto por aquí. Seguimos aprendiendo a abrir el museo a todas las formas de conocer.









