Antonio Machado (1875-2025): palabra en el tiempo

Las palabras son del poeta hasta que el pueblo las canta. Las de Antonio Machado forman parte de nuestra manera de sentir y de pensar.

A Heliodoro Fuente Moral

Sebastián Gámez Millán

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de Antonio Machado, alguien que decía “que no había asistido al acto más importante de su vida, aunque muchas veces lo había recordado en sueños: la tarde en que sus padres se encontraron por primera vez y se enamoraron”. Hay personas que se ganan la admiración de algunos, pero es muy difícil que no sean desdeñadas o rechazadas por otros. Una de esas raras por escasas personas que concitan consenso acerca de su obra y su figura es el poeta Antonio Machado, un hombre “bueno” en el buen sentido de la palabra.

Su infancia, y quizá también algo de la nuestra, nadie la ha retratado con tan pocas y precisas palabras: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla / y un huerto claro donde madura el limonero”. En 1907 se traslada a Soria como Catedrático de Francés. Allí conoce a Leonor, una muchacha de trece años, allí se casa con ella y allí la pierde para siempre. El fruto de ello es Campos de Castilla (1912), una reacción contra la estética de raíz simbolista y modernista que había influido en su obra anterior, Soledades, galerías y otros poemas (1907).

Francisco Rico sostuvo con ironía que Antonio Machado es el mejor poeta español del siglo XIX. Pero tengo para mí que la obra de este poeta no es tan valiosa por las corrientes que anticipa como por el legado que deja. Machado, junto con Juan Ramón Jiménez, es el impulsor del simbolismo en España, que culmina en la Generación del 27. Junto con Unamuno, y sin tener en cuenta a los precedentes de Bécquer y Rosalía de Castro, puede considerarse el padre de la poesía íntima a la vez que meditativa. Por otro lado, recupera la tradición popular, que luego veremos especialmente en Lorca y Alberti en forma de neopopularismo. 

Es el primero, o de los primeros, en servirse de la segunda persona del singular, a fin de alejarse de los excesos del “yo” romántico: “no es el yo fundamental / eso que busca el poeta / sino el tú esencial”. Luego le seguirán por este camino Cernuda, José Hierro, Valente o Juan Goytisolo, entre otros. Asimismo, al igual que Fernando Pessoa, crea una serie de heterónimos (otros yo): Juan de Mairena, Abel Martín… que no pseudónimos (falsos yo), convirtiéndose en un símbolo de la fragmentación de la conciencia del yo moderno. Y con “La España de charanga y pandereta” y otros poemas suyos puede considerarse también precursor de la poesía cívica y social.

Pero lo que a Machado le interesaba eran “los universales del sentimiento” o, si se prefiere, “los sentimientos universales”: “no hay lírica que no sea sentimental. Pero el sentimiento ha de tener tanto de individual como de genérico, porque aunque no existe un corazón en general (…) todo sentimiento se orienta hacia valores universales, o que pretenden serlo”. En este sentido Machado se aproxima a la filosofía, si es que alguna vez se alejó de ella: “Todo poeta –dice Juan de Mairena– supone una metafísica; acaso cada poema debiera tener la suya –implícita”–.

Poco a poco deja la poesía en beneficio de la prosa, como se aprecia en Juan de Mairena (1934-1939), que no es sólo una de la obras fundamentales de la literatura española contemporánea, sino al mismo tiempo una de las obras filosóficas esenciales del pensamiento del siglo XX. Machado no sólo dialoga con Bergson o con Heidegger: su principal interlocutor, como ha demostrado Ángel González, es Ortega y Gasset, al que se opone tanto en el terreno estético, expuesto en La deshumanización de las artes, como en el sociopolítico, cuestionando las tesis centrales de La rebelión de las masas.

Hasta finales de junio se ha podido ver la excelente exposición “Los Machado. Retrato de familia” en la RAE. Es una lástima que no siga recorriendo más ciudades de España, pues la tragedia de los Machado, como la de tantos, no sólo fue la guerra (in)civil, sino los relatos que los separaron injustamente. Es un verdadero ejercicio de memoria histórica y democrática. Comprometido con la República, tiene que huir durante la guerra. Cruza la frontera junto a su madre, y muere una tarde de febrero de 1939, tras haber garabateado: “Estos días azules y este sol de mi infancia”. Enterrado en Colliure, se convierte en símbolo de la República. En la obra de Machado se cumple el vaticinio de su hermano Manuel: las palabras son del poeta hasta que el pueblo las canta. Las palabras de Antonio Machado están en la memoria del aire: forman parte de nuestra manera de sentir  y de pensar.

Nota Curricular

Sebastián Gámez Millán (Málaga, 1981) es licenciado y doctor en Filosofía por la UMA con la tesis La función del arte de la palabra en la interpretación y transformación del sujeto. Es jefe del Departamento de Filosofía del IES Valle del Azahar (Cártama). Ha sido profesor-tutor de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea y de Éticas Contemporáneas en la UNED de Guadalajara. Desde noviembre de 2022 es vocal de la Asociación de Filosofía de Andalucía (AAFI) por Málaga. Y en junio de 2023 fue elegido Director de Sur. Revista de Literatura.

Ha participado en más de treinta congresos nacionales e internacionales y ha publicado más de 500 artículos y ensayos sobre filosofía, antropología, teoría del arte, estética, literatura, ética y política. Es autor de Cien filósofos y pensadores españoles y latinoamericanos (Ilusbooks, Madrid, 2016), Conocerte a través del arte (Ilusbooks, Madrid, 2018), Meditaciones de Ronda (Anáfora, Málaga, 2020), Cuanto sé de Eros. Concepciones del amor en la poesía hispanoamericana contemporánea (UNED, Madrid, 2022; Algorfa, 2024) y Metamorfosis de Picasso (Galería Benedito, 2023). Ha colaborado con artículos y prólogos en más de 20 libros, entre los cuales cabe mencionar: Ensayos sobre Albert Camus (2015), La imagen del ser humano. Historia, literatura, hermenéutica (Biblioteca Nueva, 2011), La filosofía y la identidad europea (Pre-textos, 2010), Filosofía y política en el siglo XXI. Europa y el nuevo orden cosmopolita (Akal, 2009). Ha ejercido de comisario de la exposición “Cristóbal Toral: una aventura creadora” (2022), en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga y “Pedro Escalona: el presente del pasado” (2024), en la Colección Museográfica de Cártama y “Música callada: esculturas y pinturas de Rafael Heredia Cuevas” (2025), en el Centro de Arte Contemporáneo de Vélez Málaga.

Escribe habitualmente en diferentes medios de comunicación (Descubrir el Arte, Muy Interesante, Café Montaigne. Revista de Artes y Pensamiento,  Sur. Revista de Literatura, Diario Sur, MAE (Museo Andaluz de la Educación)…) sobre temas de actualidad, educativos, filosóficos, literarios, artísticos y científicos. Le han concedido cinco premios de ensayo, cuatro de poesía y uno de microrrelatos, entre ellos el premio de Divulgación Científica del Ateneo-UMA (2016) y la Beca de Investigación Miguel Fernández (2019).