Labores de costura

Las labores de costura y bordado formaron siempre parte de la educación de las niñas hasta 1970. La Ley Moyano, 1857, les otorgó un lugar importante al incluirlas oficialmente en el currículum de las niñas y al concederles un peso importante. Esto hizo que en algunas escuelas se dedicaran muchas horas a las labores en detrimento de otras materias como lectura, escritura o cálculo, dependiendo del interés de las maestras hacia esas tareas.

Las labores se vinculaban directamente al ámbito doméstico; es decir, se consideraba que eran lo que tenían que aprender las niñas para desempeñar adecuadamente sus funciones como esposas y madres. A través de las labores, además de adquirir destreza en ellas, se desarrollaban habilidades como la paciencia, el sentido estético y la pulcritud.

En la formación de las maestras, lógicamente, también se incluía la formación en labores. Las  futuras maestras debían elaborar dechados, muestrarios en los que se incluían los diferentes puntos. Se distinguía entre puntos  de costura  (dobladillo, vainica, pespunte, sobrehilado,  por ejemplo)  necesarios para la confección de prendas de vestir, y puntos de bordado, incluyendo algunos regionales, que se utilizarían sobre todo en el bordado de mantelerías y juegos de cama. También las alumnas de bachiller elaboraban esos muestrarios. Podían hacerse todos en una misma tela, uno tras otro, o en pequeños fragmentos individuales.

Al final del curso era común, tanto en escuelas primarias como en Escuelas Normales, hacer una exposición con las prendas confeccionadas (ropa interior, ropa para bebés, camisas o manteles, sábanas…).  Recordemos que hasta los años sesenta del siglo XX no empieza a abaratarse la ropa de forma que hasta entonces la mayoría de la ropa de vestir o de casa se confeccionaba en casa o se encargaba, en general, a modistas o, en el caso de ajuares -mantelerías y juegos de cama-, a monjas. El hecho de que el ama de casa pudiera hacerlo implicaba un importante ahorro a la familia. Las niñas de clase alta se centraban en bordados y para ellas eran más un entretenimiento que una labor útil.

Tanto las maestras como las alumnas en enseñanza primaria como en bachiller elaboraron esos muestrarios hasta 1970 cuando la Ley General de Educación de 1970 estableció actividades manuales sin distinción entre niños y niñas; esto implicó, en la práctica, no que los niños aprendieran a hacer algunas actividades básicas de costura, sino que tareas tan simples y prácticas para la vida diaria como coser un botón o un dobladillo no se han aprendido a hacer en las escuelas desde hace más de 50 años.

Estos muestrarios son un objeto importante de nuestros museos especialmente dada la escasez de objetos sociales (los que han surgido de la actividad escolar) frente a la abundancia de objetos culturales (libros, material didáctico o mobiliario, por ejemplo).

Carmen Sanchidrián Blanco

  • DIMENSIONES: variables
  • MATERIAL / SOPORTE: tela normalmente de algodón; hilo, etamine o panamá para bordados
  • CONTEXTO CULTURAL: primera mitad siglo XX